martes, agosto 6

Dale una patada al reloj, hoy no vas a ser de nadie.

Relojes de tres manillas que marcan doce horas.
Y se hacen el camino dos veces, para que sean veinticuatro. Vergonzoso. Yo quiero ser de la era digital.
Lo siento, no pretendo ofender a nada que mida el tiempo, que es algo que ya que lo tenemos tan escaso, mejor tenerlo contado. Pero me siento como un reloj de los circulares, repito caminos, demasiado a menudo, y cada cierto espacio me quedo parada en algún camino, esperando a que venga el minutero a empujarme un poco, y el segundero a salvarme. Qué segunderos más bonitos tengo, la verdad.

No pretendo ser radical, mi corazón es muy grande, y no alardeo de ser buena persona, sino de que parece que se me da de sí, de ahí no sale nadie ni con agua ardiendo. Yo digo que entras y yo digo que sales, y la cosa es que no sales. Y lo peor es lo amigos que se me han vuelto el corazón y la memoria, y lo mal que se llevan con la razón. Que tengo poca, pero habrá que aprovecharla. Y venga de recuerdos, y venga de sentimientos, y vamos a intentar ponerles cordura, pero no, imposible.

Creo que el problema es que todos dicen ahora que me he vuelto una moderna, y no sé, estaré así como vintage, que cojo las cosas viejas y las trasformo en artículos valiosos.
A ver cariño, esa mesa se cae a pedazos, me da igual si era de tu tatarabuela; alguien debería estar ahí y decirle eso; y que el vestido de la casa de la pradera, para vivir en la ciudad queda como feo, por eso es de la pradera, su nombre lo indica.

Pues así debería tener alguien yo, un fantasma o algo; ay, no, por dios, más fantasmas no, que de esos abundan demasiado, de los que se aparecen y de los que son.
Una voz, que eso de oír voces es así como divertido, o eso opina mi psiquiatra y puedes hacer lo que te de la gana y echarle la culpa a la voz. Es como el mítico amigo invisible de pequeño, no sé si me sigues. Que se rompe el jarrón, pues ahí está Conchita como única responsable, que mala es la cabrona, y mira que le has dicho veces que se esté quietecita. Pues nada, que ni por esas. Ya lo siento, es que es muy movida.

Por donde iba... ah si, pues eso. Que quiero dejar de ser un reloj, y que haya una voz que me diga, que eso ya no me vale, que hay que guardarlo o tirarlo; que aburrimiento, quiero ser una vela, una vela sí ¿que ilumina? no, ¿que se traga los polvos de los románticos? casi que tampoco, ¿que se consume? por ahí van más los tiros. Que cuando se apague mi mundo, encienda otro. Pero que sea imposible repetir el mismo. El viento no va a dirigir la llama jamás al mismo sitio, y de un lado se va a consumir más la vela que de otro. Y lo que más me gusta, que mientras ella quiere, se hace agua, es como llorar a lágrima viva, y si la dejas un rato se seca, y continúa su camino. Su camino de vela. Me parece muy bonito, oye.

Pues eso, que si mido mi vida en velas, he tenido velas realmente bonitas y otras que no tanto. Y es que tenemos la mala costumbre de hacer lo pasado más dulce, si me pongo más específica os explico lo de que es un mecanismo defensivo y tal y cual... pero qué guay es el cuerpo humano, tiene mecanismos para todo. Pues a mi me parece bastante defectuoso que los días que nos vaya mal, la cabeza corra directamente a otros días mejores, o eso crees ahora, que bien que llorabas, de eso no te acordabas ¿eh?
Un mecanismo de los buenos, y si Darwin estuviera vivo se lo propondría para la evolución, es mirar hacia delante, hacia un mundo lleno de posibilidades. Donde hay incertidumbre, hay miedo, y claro, el pasado es intocable, pues mejor me quedo ahí, regocijándome en algo, que si esta pasado, pasado está, es como levantarme mañana y acordarme de lo buenos que estaban los helados que ya no hacen y comía con 5 años, y decir anda, que aún tengo uno en el frigo, fecha de caducidad el 97, pero bah, me lo como igual, porque como estaba rico, pues ahora tiene que estarlo, y acabas con una indigestión que no hay quien sobreviva.

Ahí va un guiño...amigos que ibais a ser para siempre, adiós; amigos separados, os deseo lo mejor. Amores grandes y no tan grandes, al primero: abre los ojos; al segundo: el efecto yo-yo te acaba dando en la boca; al tercero: mi número favorito, no es para menos, de los errores se aprende y los dos hemos aprendido mucho; al cuarto: tu alter ego y el mío siguen siendo almas gemelas, condenadas a no entenderse nunca, a negar que nos importa y a negar que lo negamos; y al quinto: tu forma de querer, es extraña, pero que me sigue gustando engañarme leyendo que alguna vez sentiste, o sientes ese dolor.

Y colorín colorado, quiero, y puedo decir, que este cuento, se ha acabado. Que el resto, ya es presente casi. Aunque como soy una nostálgica, he dejado un pequeño hueco para alguno de los anteriores, que siempre hay tiempo para ser lo que nos costó tanto, cómplices. Pero de momento... este es el momento.

No me quiero meter donde no me llaman, aunque antes dijeran mi nombre a gritos. No me gusta meterme en camisas de once varas, ni en paraguas de trece botones.






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