pinchando y regalando lo que para vivir necesitas robar.
Y el síndrome de Estocolmo nubla a algunas personas dormidas,
y rellena el hueco de algunos cerebros vacíos.
Si escucharas más a menudo sabrías cual es la cura, pero tu miedo se traduce en delirio,
y cuando busques esa confianza se habrá ido por la arteria de la paciencia.

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